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La leyenda del gato
El gato es
un felino con una historia y origen que se remonta al antiguo Egipto.
Los egipcios inyectaban a los gatos diversas gotas de su sangre para protegerlos
de las enfermedades y los males espíritus. Estaba prohibido matar
a un gato, y la pena por hacerlo era la muerte, era tanto el respeto que
había por este animal que cuando un gato moría los egipcios
se afeitaban las cejas en señal de duelo.
Los gatos eran animales salvajes que comenzaron su proceso de doma hacia
el año 3000 a.C, debido a la abundancia de ratones que habían
en los lugares donde estaba el trigo.
El gran valor del gato
como cazador de ratones hizo que los egipcios intentaran su convivencia
doméstica.
La religión del antiguo Egipto incluyó el gato entre sus
símbolos sagrados. Estaba considerado como la reencarnación
de los dioses para comunicarse con los hombres y manifestar su voluntad.
La belleza del animal
hizo que la diosa Bastet, símbolo de la belleza y la fecundidad,
fuese representada con la cabeza de gato.
Para los antiguos
griegos, el origen del gato se remonta a Artemisa, la diosa de la caza,
que havia dado vida al gato para poner en ridículo a su hermano
Apolo, que previamente havia creado el león para asustarla.
Por otro lado, los
Celtas creían que sus ojos representaban las puertas que conducían
hacia el reino de las hadas.
A mediados del siglo
XIII, la iglesia llevó a cabo una terrible persecución contra
los gatos, considerándolos como símbolo del diablo y cuerpo
metamórfico de la brujas.
Aunque siempre se ha creído que el gato negro trae mala suerte,
se cree que trae buena fortuna en los juegos de azar, sobre todo si se
toca a uno de ellos antes de que comience el juego. En la tradición
anglo-sajona el gato negro trae buena suerte.
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